El hombre debe aprender a pasar a través de todas las experiencias [...] Debe enfrentar todas las interferencias y todas las tentaciones sin dejarse apartar de su camino; sólo entonces estará libre de todas las dificultades de la vida, de sus penalidades y de sus sufrimientos, porque habrá atesorado en su alma el amor perfecto, la sabiduría, el coraje, la tolerancia y la comprensión.
[...] Cuando hayamos dado la libertad a todo ser humano con quien tengamos contacto; cuando hayamos libertado a toda criatura, y a todo lo que se encuentre a nuestro alrededor, entonces seremos libres. Cuando veamos que no intentamos dominar, controlar o influir en la vida de otros, ni siquiera en los detalles más ínfimos, descubriremos que la interferencia habrá terminado definitivamente en nuestras vidas, porque son aquéllos a quienes atamos quienes nos atan. [...] También podemos liberarnos fácilmente de la dominación de otros: primero, dándoles completa libertad, y segundo, rehusando muy delicada y cariñosamente a ser dominados por ellos. [...] No son necesarios ni la violencia, ni el resentimiento, ni el odio, ni la brusquedad. Nuestros oponentes son nuestros amigos; ellos hacen que el juego valga la pena, y todos nos estrecharemos las manos al final del partido. No podemos pretender que los otros hagan lo que nosotros queremos; sus ideas son correctas para ellos, y aunque sus caminos puedan conducirlos en direcciones diferentes de las nuestras, la meta, al final del viaje, es la misma para todos. Así descubrimos que cuanto más queremos que los demás "estén más próximos a nuestros deseos" es cuando más reñimos con ellos.
[...] Es preciso destacar que en algunas ocasiones quizás no comprendamos exactamente cuáles son las pequeñas cosas que pueden atarnos: esas mismas cosas que queremos poseer son las que nos están reteniendo; quizás una casa, un jardín, un automóvil... pero incluso ellas tienen derecho a su libertad. Después de todo, las posesiones terrenales son transitorias, y nos provocan ansiedad y preocupación porque íntimamente sabemos que su pérdida será inevitable y definitiva. Sin embargo, están allí para ser disfrutadas, admiradas y utilizadas en plenitud, pero no para que adquieran una importancia tal que se transformen en cadenas para amarrarnos.
Si dejamos en libertad a todos y todo lo que nos rodea, encontraremos a cambio que somos más ricos en amor y posesiones de lo que nunca hemos sido, porque el amor que proporciona libertad es el amor que más estrechamente une.
Libérense a ustedes mismos. Bach por Bach. Dr. Edward Bach.
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